RUTAS EN AVILA
 

RUTA GASTRONOMICA POR LA PROVINCIA DE AVILA

 

 

Uno de los principales atractivos de la de Ávila es su gastronomía.
Las deliciosas tapas de Las Navas del Marqués, el exquisito vino de Cebreros, la ternera a la brasa de Piedralavés, las migas con torreznos de Arenas de San Pedro o las famosas yemas de Santa Teresa de Ávila, bien pueden dejar satisfecho el paladar del gourmet más exigente.

Ávila, además llamará la atención del visitante por lo arraigado de sus tradiciones que se extienden a las más diversas facetas; la artesanía es una de ellas, los talleres y los alfares que recorren toda la provincia se encargan de que todo sea confeccionado como antaño: los bordados, la alfarería, la forja, los cueros…
Sin duda, el arte popular está presente en cada una de las villas de la provincia.

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Todo ello sin hablar de las fiestas que inundan Ávila, festejos que suelen centrarse en dos ejes temáticos: lo religioso y lo profano, destacando los carnavales, muy celebrados en villas como la de Cebreros, Piedralaves, Navalosa o Arévalo.
Pero la fiesta más celebrada en Ávila ésa es la Semana Santa.

De tapeo por Las Navas del Marqués
Las Navas del Marqués es una villa típica de la sierra abulense, situada en un pequeño valle completamente rodeado de montañas.
Esta localidad, una de las más turísticas de Ávila, mantiene en la actualidad residencias que fueron construidas el siglo pasado por los turistas que año tras años la visitaban. Algunas de ellas son buen ejemplo de la arquitectura de la primera mitad de siglo en Avila.
Cabe destacar la bella Ciudad Ducal, que se encuentra en el mismo término municipal.

Como monumentos se puede admirar el castillo y el convento que presiden la villa; el convento de los dominicos de San Pablo fue fundado en 1547 y, hoy en día, sólo se conservan de él los pies de los muros de la iglesia y las bóvedas de su cabecera. En cuanto al castillo de Magalia, su nombre y su construcción se deben al primer marqués de la villa, Pedro Dávila y Zúñiga. Fue levantado en el siglo XI, aunque su aspecto actual se debe a una remodelación que sufrió en el siglo XVI. Sus recias murallas, con torres almenadas, una importante torre del homenaje y su elegante patio interior renacentista, bien merecen una visita detenida.

Tampoco hemos de dejar de ver en esta población su iglesia parroquial, del siglo XVI, la ermita del Cristo y la antes nombrada Ciudad Ducal, organización de lujo construida por la Unión Resinera en un enorme pinar, en la que se puede observar una torre atalaya de hierro fundido construida por Eiffel, además de un pequeño lago que hace de la zona un lugar idílico.

En cuanto a gastronomía, en esta localidad, el viajero puede saborear el famoso chuletón de Ávila, acompañado de un buen vino de la tierra, o si lo prefiere ir de tapeo, una costumbre muy extendida en toda la provincia. Así, puede degustar los deliciosos torreznos típicos de la provincia, el lomo adobado, la longaniza de la tierra y un sin fin de suculentas variedades cocinadas al estilo más tradicional.
Cebreros es una villa donde lo que más destaca es su buen vino, su fina y tradicional cerámica, y sus famosos y arraigados carnavales, en los que se mezclan los encierros, las carrozas, las comparsas, el rondón y el famoso vino de la tierra.

En Cebreros el visitante no debe dejar de visitar las dos iglesias de la localidad; la iglesia vieja, construida entre los siglos XIV y XV en un recio estilo gótico, y posteriormente en el siglo XVI, con trazas del famoso Covarrubias, se levantó la iglesia parroquial. Por otro lado, cerca de la villa se encuentra el Queixigal, una gran granja y casa de campo que, en otros tiempos, abasteció a El Escorial.

En cuanto a naturaleza Cebreros está situada entre las sierras de Paramera, Cuerda de los Polvisos, Malagón y las estribaciones de la sierra de Gredos, por lo que su flora y su fauna son abundantes, sobre todo, sus pinares, que se pueden apreciar en toda la zona este de la provincia abulense. El pantano de Burguillo, con más de tres kilómetros de longitud, es otra de las maravillas de la naturaleza que se encuentra muy cerca de localidad y ofrece múltiples posibilidades deportivas. Otra opción para los amantes del deporte, en este caso tranquilo, es practicar la pesca en el río Alberche.

El viajero que se encuentre en esta tierra de buen vino, elaborado con uva garnacha, debe saber que algunas de las tascas más típicas se encuentran en el centro de la población, unas tascas que ofrecen una amplia selección de las mejores tapas de la región del valle del Alberche y Pinares.

A la hora de descansar se puede elegir cualquiera de las casas rurales de esta villa para proseguir el viaje por la sierra abulense al día siguiente.

Piedralavés y su particular gastronomía
En un agradable entorno poblado de pinos, robles y castaños se ubica Piedralavés, una villa a la que surte de agua el río Tiétar. En los alrededores del municipio no faltan las gargantas, veneros y riscos erosionados por el paso de los años, lo que les ha otorgado unas formas, sin duda, interesantes.

Piedralavés posee numerosos atractivos que bien justifican una parada en la ruta que hemos marcado. De entre todos ellos, destacan la iglesia de San Antonio de Padua -construida a finales del siglo XVIII y que posee un bello artesonado mudéjar-, la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción -templo primitivo de la villa que data del año 1500-, y la de San Roque -levantada en honor al Santo Patrón de Piedralavés y que se remonta al siglo XVI-. Por otra parte, justo delante de la iglesia de San Antonio de Padua se encuentra la llamada Cruz de los Enamorados (1681), cuyo nombre se debe a que junto a ella se sentaban antiguamente los enamorados para hablar a la salida de misa. Otro lugar donde, seguro, debían acudir las parejas de enamorados, debido a su belleza, es la garganta de Nuño Cojo, formada por alisos, sauces, pinos y cristalinas aguas. Sin duda, se trata de un lugar ideal para hacer una excursión a pie.

Piedralavés también destaca por su exquisita gastronomía, destacando la carne de ternera o de vaca a la brasa, sin olvidar platos típicos de la comida más tradicional, como las sopas de ajo, las migas o el puchero –un tipo de cocido hecho con tostón, cochinillo asado y carrillas con arroz (una especie de alubias blancas y finas)-.
El cochinillo, el cordero o el cabrito típicos de toda la zona en Piedralavés tienen una excelente calidad. De postre, son muy populares los bollos de leche, los bizcochos y el chocolate.

Arenas de San Pedro y sus sabrosos postres
Arenas de San Pedro es el municipio más importante dentro de la comarca del Valle de Tiétar y se encuentra situado hacia el suroeste de la provincia de Ávila y aún conserva rincones con el encanto de la tradicional arquitectura serrana.

En cuanto a gastronomía, nada mejor que probar sus famosas migas con torreznos, aunque también destacan los diversos tipos de sopa que allí se cocinan: la sopa de ajo, la de tomate, la de cachuela (propia de la matanza), así como la sopa castellana o las canas con leche. En lo que se refiere a los postres, este municipio goza de excelentes manjares: las pastas de almendra, los mantequeados, el arroz con leche o los buñuelos son algunos ejemplos.

Después de reponer fuerzas, lo ideal es visitar los lugares más típicos de la villa: el castillo de don Álvaro de Luna es uno de ellos, Declarado Monumento Histórico Artístico en 1931, fue construido entre 1393 y 1422, y de él sólo se conservan las paredes. Otros monumentos destacados en Arena de San Pedro son la Cruz del Mentidero, que ha sido testigo durante muchos años de las ferias ganaderas; el palacio del Infante Don Luis, del que destaca su pórtico de seis columnas dóricas adosadas y en el que Goya pintó varios de sus cuadros; la plazuela de las Monjas, en donde se conserva todavía la iglesia del convento de la localidad; la iglesia de Nuestra Señor de la Asunción; el puente medieval de Aquelcabo; la ermita del Cristo de los Regalajes o el Santuario de San Pedro de Alcántara. Todo ello sin olvidar el antiguo barrio judío y el Canchal o barrio árabe, ambos con sus construcciones tradicionales.

En cuanto a bellos paisajes el monte de San Agustín es uno de esos encantos; se trata de una atalaya desde donde se pueden ver las mejores vistas de todo el valle de Tiétar. Tampoco son nada despreciables Los Llanos -donde se encontraba la primitiva ubicación de la villa y desde donde se aprecia una buena panorámica de Gredos-, la gruta del Cerro del Águila o de Rompeporras -que se encuentra a tan sólo 6 kilómetros de la localidad y que fue descubierta en 1963 en un cerro calcáreo y zarzalero-, o La Parra -un cruce de caminos donde se puede practicar el senderismo para admirar los incomparables paisajes que por allí se encuentran-.

Sin duda, la ruta propuesta permitirá al viajero conocer Ávila en casi todas sus facetas, pero, sobre todo, en una de las más sabrosas, su gastronomía.



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